• Buenaventura Casal, el catalán que llegó para quedarse.

 

 

(Por J. Rafael Chávez R.).  La Ciénega de Casal fue un centro de actividad económica que emprendió Buenaventura Casal a finales del siglo  XIX que finaliza con la llegada del ferrocarril, como dice la inscripción de la historia de la Ciénega “… en 1908 llegó el ferrocarril, y se acabó todo comercio, quedando en ruinas como hasta hoy se encuentra, en el olvido. En 1938 la compró un tal Patricio Macón en 15,000 pesos”. 

Parece ser que la hacienda de Buenaventura Casal surgió después de establecer contactos comerciales con Mazatlán. Juan S. Avilés Ochoa refiere que en 1878 aparece por primera vez Buenaventura Marte Casal y Miguel Castañeda, ambos de origen español y vecinos de la Ciénega concertando una sociedad comercial con Joaquín Redo, de Mazatlán. Este pudo ser el inicio de su gran empresa: una hacienda con características modernas, que poco a poco fue consolidándose, hasta convertirse en un punto comercial importante en la región del Évora.

No pasó mucho tiempo después de esta primera transacción cuando en la Ciénega se comenzó a comercializar toda clase de mercancías, desembarcando en La Playa Colorada y siendo movidas por medio de carretas de bueyes y carros de mulas hacía este nuevo punto de convergencia.

Dicho centro de comercio estaba constituido por un enorme caserón que fue almacén de ropa y víveres, farmacia, ferretería, mesón, posta, armería, vinatería y fábrica de jabón. A medida que prosperaba el catalán se fue convirtiendo en amo y señor de la región. Fue uno de los primeros impulsores del garbanzo en la tierra de temporal. Su casa permutaba oro y plata por azúcar, café y grano, cueros crudos por tela, especialmente a las regiones de actividad minera.

Procedente de los minerales de San José de Gracia y Bacubirito llegaban oro y plata que se extraía de ellos, se depositaban en la Casa Casal y de ahí se enviaban hacia el puerto de Mazatlán a través de una brecha que ellos construyeron, de magnífico trazo, que comunicaba a esta comunidad con la playa colorada. También por este medio se hacían las compras a ultramar. Telas, sedas, y diferentes mercancías de China y Filipinas.

A finales del siglo XIX y a principios del XX, en la Ciénega se cruzaban los caminos del litoral y los que unían la llanura y la sierra. Eran los caminos reales, es decir, los caminos ampliados por los españoles respetando la antigua vereda indígena para que por ellos pudieran transitar los carruajes, y no sólo las bestias de silla y carga.

Casal emprendió el negocio de posta de diligencia pues por este lugar se encontraba la ruta de Ures-Guadalajara, que pasaba por Álamos, El Fuerte Sinaloa, Mocorito, Culiacán, Mazatlán, Tepic. Y entre Sinaloa y Mocorito se encontraba La Ciénega, donde los viajantes de la diligencia reponían fuerzas en su hostería y en las aguas termales salutíferas a unos metros de la hacienda.

Buenaventura Casal, entre otros negocios optó por la siembra del garbanzo. Halló que la tierra de la región era apta para el cultivo y que su producto era de una gran calidad, especialmente en Angostura. Siguiendo las huellas del garbanzo, apenas empezaba este cultivo en Sinaloa, pues en Sonora ya se había hecho fortuna y era explotado por inmigrantes españoles. Como buen visionario, y a sabiendas del futuro que pronosticaba este producto, empezó a adquirir vastas cantidades de  tierras. Toda la tierra que le proponían era adquirida. Según dice Herberto Sinagawa su latifundio comenzaba en la Ciénega y terminaba en la isla de Sáliaca en el litoral de Angostura.

La labor empresarial de Casal no se limitó sólo a al ámbito terrestre, también explotó el medio marítimo, teniendo como punto de contacto con los demás puertos la Playa Colorada. Como lo confirma  Eustaquio Buelna “el medio de comunicación más frecuente y más barato de la época entre Mazatlán y el norte del estado para la conducción de mercancías era la navegación” la cual se realizaba por su extensa costa en buques de vela.

El transporte por medio marítimo fue de gran utilidad en la región, por este medio se abastecían los centros de comercio y se exportaba la producción regional. La industria del palo de Brasil -que consistía en molinos con los que se reducía a una pasta la cascara y el corazón del Brasil y el mauto- eran trasladas por esta vía. La carga era movilizada por una brecha hasta el mar en carretas jaladas por fuerza animal. Como en Angostura aún no existía un puerto, tuvo que improvisarse uno: la Playa Colorada. Llamada así porque al descargar la mercancía de exportación en el mar, con la brisa, se desprendía su tinta tiñendo la playa de color rojo.

Con la demanda que Alemania e Inglaterra hacían desde Europa de estos materiales tintóreos para su industria textil, Casal optó por esta gran empresa: la exportación palo de Brasil.  Para facilitar el transporte ideó una brecha que bautizó como Brecha Casaleña, que la gente llamó Brecha Carrera. Este camino comunicaba la Ciénega con las inmediaciones de la Playa Colorada. Como existía en el litoral un intenso tráfico marítimo, B. Casal compró tres barcos de cabotaje llamados San Alonso, Cataluña y Montserrat, y posteriormente el Victoria.

La apertura de este pequeño puerto da pie a otros negocios, pues existía  demanda de alimentos en la península de Baja California. De las minas de Santa Rosalía venían algunos comerciantes en busca de carne, legumbres y quesos. Los quesos que se comercializaban eran obtenidos en las pequeñas industrias de Mocorito. La carne, al  darse cuenta de la demanda que había al otro lado del golfo, dice Sinagawa, que Casal destinó docenas de peones para que mataran los burros salvajes del estuario de Baturi, para así, procedía a deshidratar la carne y vendiéndola como si fuera de res.

Al parecer en esta tremenda cacería de burros por las cercanas costas de Angostura, se percataron de la existencia de grandes salinas en Baturi, que según las lenguas nativas quiere decir “donde cuaja la sal”.  Así  que también explotó las salinas de Batury, sin descuidar los anteriores negocios. El tráfico de sal era intenso, y quien la explotaba era Joaquín Redo, aunque, al parecer, no cubría todas las necesidades de la región.

Era evidente que este espacio del Évora, que había permanecido en condiciones de franca ruralidad, empezaba tímidamente su proceso de modernización. Los efectos, aunque retardados de la Revolución Industrial se hacían patentes con este dinámico centro de comercialización, que era muestra de la transición que vivía México que dirigía la mirada hacia el progreso. Muestra de esto es la entrada del ferrocarril a territorios del Noroeste que hasta entonces habían permanecido marginados del resto del país y de la modernidad.  

El ferrocarril, que llegó a Guamúchil en 1907, significó el declive de este centro de comercio regional, con el cual se había enriquecido Buenaventura Casal, y que casualmente o no, coincidió con el año de su descenso, según lo sostiene Martín Muñoz. El imperio económico que había construido se resquebrajaba con el inexorable advenimiento del ferrocarril, a su vez empezaba a germinar un nuevo centro económico y social llamado Guamúchil, que hasta el momento era un pequeña población asentada en centro del región del Évora.

 

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