COLUMNA | Telegram y el éxodo digital

 

(Por Carlos López Dena,  19 de enero de 2021). Las nuevas políticas de privacidad de Whatsapp provocaron un desplazamiento masivo a otros servicios de mensajería, siendo Telegram la opción por excelencia. Ante la indignación  de millones de usuarios que al parecer por fin mostraron preocupación por la seguridad de su información personal, ocurrió un “éxodo digital” de 25 millones de usuarios en menos en menos de 72 horas, sumando así un aproximado de  500 millones de usuarios para la plataforma creada por el ruso Pavlov Durov.

Este número  alarmó a la competencia, al grado que enviaron un comunicado donde se afirmaba  que no  se hace mal uso de nuestros datos ni se compromete  nuestra información. Esto lejos de dar paz y tranquilidad a los usuarios generó más opiniones encontradas en cuanto al tema de la seguridad de la información personal. Ya que por un lado muchas personas comenzaron a caer en un nivel de paranoia al mero estilo de la actriz Paty Navidad y por fin preocuparse si Mark Zuckerberg o la CIA podrían estar espiando sus conversaciones más bochornosas como si se trataran de secretos de estado. Por otra parte otros usuarios simplemente se mantuvieron indiferentes ante esta información alegando que no se puede escapar del  “ojo que todo lo ve”, en este caso, refiriéndose a que cualquier dispositivo  y servicio de comunicación digital básicamente almacena y comparte en mayor o menor medida nuestros datos.

Si bien es muy difícil que todos los usuarios de las redes sociales y servicios de mensajería más utilizados migren completamente de la noche a la mañana a alternativas que aseguran tener un mejor manejo de nuestra privacidad, este tema da para reflexionar algo más allá de los permisos que aceptamos al usar estas aplicaciones o servicios. Es decir, cualquier archivo que compartamos a través de internet siempre tendrá un riesgo de filtración, por lo tanto además de ponerle una cinta negra a la webcam e intentar tapar el micrófono de los dispositivos con los que nos comunicamos, los usuarios  deberían preocuparse por ser más responsables de la información  que comparten a través de las aplicaciones y servicios de comunicación.

En la época pandémica que vivimos no nos podemos aislar completamente de los servicios que concentren un mayor número de usuarios, ya que estos siguen siendo indispensables para realizar muchas actividades esenciales. Por más autónomo que se busque ser, es poco probable que encuentres el perfil de “Juan mecánico” o tu médico de  cabecera en Diaspora, Ello, VK, Friendica u otras redes sociales que aseguran ser menos invasivas con nuestros datos o ser libres de toda censura. Incluso es muy difícil que  convenzas a  todos tus allegados para se  muden de manera exclusiva a tu servicio de mensajería “gluten free” predilecto.

La solución no es conformarse con esta situación y hacer como que nada pasa, porque la seguridad de nuestra información personal es algo que debe preocuparnos y al menos tener la certeza de que los datos que autoricemos no sean  mal empleados. Sin embargo, no podemos volver a las palomas mensajeras y despegarnos completamente de los medios y servicios de comunicación actuales. Una migración digital en su totalidad  es utópica, pero algo que si podemos lograr es ser cada vez  más conscientes sobre las políticas de privacidad de los servicios que utilizamos, cuales aplicaciones  son más convenientes según nuestra necesidad  de seguridad  y sobre todo ser más responsables con los archivos y datos que ingresemos a estas, así quizás manera gradual   en los próximos años se pueda generar un cambio favorable en cuanto al manejo de nuestra información. Ahora si la preocupación por la vulnerabilidad de nuestra información personal es demasiada  y esto realmente te quita el sueño, siempre estará la opción de recluirse en las montañas y  usar un sombrero de papel aluminio para que nada comprometa tus datos y  privacidad.

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