No todas las navidades son dulces y blancas

  • Algunas personas tienen que vivir estas fiestas conforme a sus posibilidades, con niños ilusionados y un Santa con buenas intenciones, pero poco capital.

 

Guamúchil, Sinaloa. Un 24 de diciembre, en vísperas de Navidad, la gente despierta igual que cualquier otro día en las colonias de la periferia de esta ciudad de Guamúchil.

Muchas veces desean, pero no pueden hacer una cena para todos o romper una piñata al menos de fabricación casera, los regalos se han convertido en una ilusión que se va junto con cada Navidad.

Doña Lupita López, residente de la colonia Pedro Infante, específicamente vive en las orillas del popular arroyo que lleva el mismo nombre, donde por cierto, el pasado mes de septiembre vivieron severas inundaciones debido al fuerte caudal, la vecina comenta que gracias a las cobijas que les regalaron en aquel entonces no han sufrido frío en lo que va de la temporada de invierno.

Ella, junto a su marido José Torres, despiertan muy temprano, las tareas son las mismas que cualquier otro lunes, don José se dispone a ir a su “chamba” como carrocero, a donde se desplaza a bordo de su bicicleta y doña Lupita a las labores del hogar.

Su casa está fabricada a base de láminas de cartón, es un modesto cuarto en donde apenas cabe lo básico para vivir; una cama, una mesa, un pequeño refri y una parrilla para cocinar sus alimentos, su terreno es muy grande por eso
todos los días tiene mucho que limpiar. En una rato doña Lupita va a visitar a sus hijos, sin embargo, para la noche regresa a su casita para poder recibir juntos ella y don José la Navidad.

En su casa no hay adornos navideños, ni una gran cena, pero existe entre ellos el sentimiento de complicidad y compañía, mismos que han tenido durante varios años en su matrimonio.

En otra casa muy cerca de la de doña Lupita, vive Victoria con cuatro de sus nietos, su hija, su yerno y su esposo, su casa también está construida de materiales reciclados. Amanecieron con la ilusión de hacer un pozolito para la Noche Buena, su hija anda buscando el hueso al centro de la ciudad, pero la situación es difícil, de los 3 adultos y cuatro niños que habitan la vivienda, solamente trabaja una persona; el esposo de doña Victoria es mecánico, pero tiene meses enfermo y sin poder trabajar, lo cual pone en aprietos aún más la situación de la familia.

Los cuatro niños, Yesenia, Jesica, Camila y Alexis, son los que esperan sea un día especial, aguardan por el hombre de la barba blanca, anhelan sea esplendido esta Noche Buena y ahora si les traiga lo que le pidieron, Yesenia, ya tiene asegurado su regalo, un moto eléctrica que su mamá sacó a pagos en una tienda de conveniencia y los otros tres esperan que mañana al amanecer en su cama haya al menos un regalo que abrir para poder salir a la calle y presumir sus juguetes con los niños del barrio, como es la ilusión de todo infante.

Ambas familias desean a todos unas felices fiestas e invitan a las personas a valorar cada comodidad y facilidad que la vida o las circunstancias de la vida les ha otorgado.

Sugey Montoya

Licenciada en Ciencias de la Comunicación, egresada de la Universidad Autónoma de Occidente, Unidad Regional Guamúchil.

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